Los túneles verdes
Cuando avanzas por uno de los túneles verdes no puedes ver a lo lejos. No puedes ver hacia dónde te diriges. Sólo puedes ver el camino frente a ti. A veces los costados se alzan firmemente y te impiden ver lo que hay detrás. Y puede pasar que esos costados se curven y se cierren en un domo que ensombrece el camino.
Los túneles verdes son como entrañas de una gran serpiente. Unos son rectilíneos, y otros están llenos de meandros. A veces, cuando avanzo por uno de ellos, me imagino que estoy en una especie de vida intrauterina en la que apenas puedo percibir lo que ocurre afuera, en el mundo. A través de la piel verde de sus costados puedo escuchar sonidos y ver luces, si pongo atención.
No hay señales. No hay esquinas. No hay escaparates, logotipos o alguna de las referencias a las que estamos acostumbrados. Lo único que hay es la confianza de que vas por buen camino.
En cualquier momento puedes encontrarte con otro que, como tú, recorre los túneles verdes para ir a algún sitio. Pero los túneles verdes son estrechos y sólo puede pasar un viajero a la vez. Así que uno se vuelve experto en caminar hacia atrás. Y esto ocurre siempre con la mayor compostura, e incluso con cortesía. Ambos ponderamos la situación y la decisión de quién es el que avanza hacia atrás es casi inmediata. Y debo decir que avanzar hacia atrás tiene su ciencia, aún para el más experimentado. Hay que retroceder hasta encontrar un hueco donde orillarse, y sólo entonces el otro puede pasar.
Por las noches, los túneles verdes se vuelven cuevas obscuras sin fondo. Avanzas por ellos verdaderamente a tientas. Especialmente en las noches sin luna , cuando no hay una sola luz que indique el camino, los túneles verdes son aterrorizantes. Y es entonces cuando la confianza se vuelve fundamental.
Recorrer uno de estos túneles verdes es una experiencia incomparable. Una que requiere dar un verdadero salto de confianza que sólo se entiende hasta que se vive. Aún no puedo decir que conozco de memoria el camino a casa, pero he estado practicando. Porque… ¿saben? Valoro profundamente el aprendizaje que traen las dificultades, pero también anhelo el momento en que pueda decir que he llegado a casa.







